Una ciudad es, desde luego, un producto, un objeto, pero ¿de qué índole? Ciertamente no es, solo, el resultado de una praxis social. La ciudad es un ámbito donde se advierte a lo o humano pues involucra una praxis que configura sentido, que ordena, que asimila, reparte a los hombres dentro de la ciudad concreta, es decir, dentro de un orden, que es la metonimia de una ciudad infinita, la cultura. (Juan Samuel Lopez Muñoz.)
lunes, 9 de abril de 2012
Nietzsche y los libros
El docto, que en el fondo no hace ya otra cosa que «revolver» libros... acaba por perder íntegra y totalmente la capacidad de pensar por cuenta propia. Si no revuelve libros, no piensa. Responde a un estímulo (un pensamiento leído) cuando piensa, al final lo único que hace ya es reaccionar. El docto dedica toda su fuerza a decir sí y a decir no, a la crítica de cosas ya pensada; él mismo ya no piensa. El instinto de autodefensa se ha reblandecido en él; en caso contrario, se defendería contra los libros. El docto, un décadent. Esto lo he visto yo con mis propios ojos: naturalezas bien dotadas, con una constitución rica y libre, ya a los treinta años ‘leídas hasta la ruina’, reducidas ya a puras cerillas, a las que es necesario frotar para que den chispas «pensamiento»–
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