Una ciudad es, desde luego, un producto, un objeto, pero ¿de qué índole? Ciertamente no es, solo, el resultado de una praxis social. La ciudad es un ámbito donde se advierte a lo o humano pues involucra una praxis que configura sentido, que ordena, que asimila, reparte a los hombres dentro de la ciudad concreta, es decir, dentro de un orden, que es la metonimia de una ciudad infinita, la cultura. (Juan Samuel Lopez Muñoz.)
jueves, 16 de agosto de 2012
Algunos aprontes teóricos.
La relevancia sociológica de esta investigación consiste en develar algunas relaciones especificas entre espacio y subjetividad, poniendo de manifiesto lo relevante que es la configuración del espacio urbano para la sociología, como escenario en el que los actores sociales se desenvuelven produciendo y reproduciendo la vida social.
Esto a su vez no puede sino implicar la relevancia para el urbanismo como disciplina teórica y practica, de una perspectiva sociológica que imponga ciertos objetivos relacionados con el desarrollo social y el bienestar.
Las instancias resolutivas en especial en áreas de desarrollo urbano tan acelerado como la Región metropolitana de Chile y más específicamente Puente Alto, uno de sus territorios más álgidos en este aspecto, no deberían gestionar sin una perspectiva sociológica, si pretenden un desarrollo eficiente en tanto que no solo producción, sino también reproducción de la vida social.
La responsabilidad de la sociología es la producción de conocimientos que permitan a las instancias resolutivas proceder en la vida pública de manera adecuada, resguardando el equilibrio, el desarrollo y el bienestar social. En este sentido la sociología urbana debe poner en cuestión la forma en que se ha generado el desarrollo urbano y con ello diversos problemas sociales, tales como el crimen, el tráfico y consumo de drogas, el desempleo, etc. Problemas en que podrían estar implicados los criterios urbanísticos, por ejemplo el caso de un territorio urbano segregado socialmente. La sociología no solo debería en este caso diagnosticar el problema sino que debe generar conocimientos que permitan reducir estas problemáticas.
Lo que se pretende en el fondo probar en esta investigación es que la configuración espacial, no es inocente ni circunstancial a los problemas sociales, sino parte constituyente de la sociedad, de la forma en que experimentamos la vida social y nos relacionamos.
Por lo pronto se intentará comprender el desarrollo urbano a través de categorías sociológicas de diferentes corrientes, pero cruzadas por el concepto de reproducción cultural. Esto significa sacar el desarrollo urbano del campo de la objetividad técnica y situarlo en el de lo propiamente político, del debate, del litigio, de la dialéctica y la posibilidad.
Este ejercicio no se trata de forzar los conceptos, sino de intentar develar el lugar más apropiado para ellos. El desarrollo urbano es una actividad humana y debe estar abierta a la posibilidad del ingreso de las fuerzas sociales, para que la determinen y orienten en su devenir.
Es relevante para una investigación sociológica del desarrollo urbano, comprender el concepto de urbanismo, pues en el se albergan modelos teóricos que dan cuenta de causas y variables del desarrollo urbano.
Estos modelos, escuelas, tendencias, se encuentran ligados y relacionados a corrientes científicas, políticas, e ideológicas que son propiamente objetos de la sociología, como aquí se entiende.
Veremos que tras el urbanismo se hayan implicitas relaciones sociales, políticas (en tanto que poder) que conviven y se enfrentan, transformando la propia disciplina o campo de estudio.
La disciplina que estudia el fenomeno urbano nace con mucha posterioridad al fenomeno en si, incluso a la expresión más moderna de este, la ciudad industrial (fenomeno que data desde las llamadas revoluciones burguesas)
La planificación, los criterios de transformación y desarrollo estuvieron a cargo ya sea de las fuerzas de mercado, sociales y de corrientes políticas y filosóficas, que mostraron preocupación por este tema, a las que se las denomina preurbanistas. Dentro de esta categoría encontramos a autores tales como Robert Owen, Charles Fourier, Victor Considerant, Étiene Cabet, Pierre-Joseph Proudon, entre otros. Estos autores fueron la semilla de la disciplina ya más especializada, aparecida en el siglo XX.
De hecho el concepto “urbanismo” nació con Ildefonso Cerda. En el año 1867, publicó su Teoría General de la urbanización. Explicó en esa palabra una materia nueva, un fenómeno reciente. Es así como la palabra urbanismo no figuró en ningún diccionario occidental, antes del siglo veinte.
El fin de la primera guerra mundial y la necesidad de reconstruir ciudades afectadas por ésta, fue lo que impulsó la especificación y especialización de criterios de la orientación del desarrollo urbano. Se pasó de criterios ideológicos a criterios técnico-científicos, o dicho de otra manera: un criterio unificado, coherente en sus métodos y objetivos. Estos criterios predominaron tanto en la Europa capitalista como en la socialista, incluyendo a la Unión Sovietica. Un urbanismo que se resume en la idea y fin de "progreso". Tony Garnier, Walter Gropius, Le Corbusier y el ruso Stanislav Gustavovich Strumilin, fueron algunos de los representantes de esta tendencia.
El interés de los urbanistas del siglo XX se trasladó de las estructuras económicas y sociales hacia estructuras técnicas y estéticas. El urbanismo pasó del patrimonio de los historiadores, economistas o políticos al de los técnicos especialistas, generalmente arquitectos.
No se trata solamente de un producto de alguna revolución material objetiva, en tanto que el hecho, de la entrada del acero y el cemento a las posibilidades urbanísticas, sino que de el intento de la apropiación del concepto de modernidad en toda su dimensión, tanto en las eficacias que permiten los métodos de estandarización y mecanización, como el de los conceptos esteticos extraidos de las artes de vanguardia de la época (cubismo y movimientos relacionados).
Hay en esto la pretensión de reducir los objetos de cualquier naturaleza a la racionalidad del hombre que es la unidad básica del progresismo. Stanislas Gustavovitch Strumilin lo expresa de la siguiente manera: "Nuestra tarea no consiste en estudiar la economía, sino en transformarla. No estamos atados a ninguna ley(...) La cuestión de los ritmos está sujeta a la decisión humana.". De esta misma manera la ciudad debe ser entendida como un producto de la razón, un proyecto con el objetivo de alcanzar, por medio del control de cada proceso, la maximización y perfeccionamiento de cada hombre.
Según el esquema desarrollado por Francoise Choey para explicar los principales conceptos del urbanismo, en la antitesis del urbanismo progresista se haya el culturalismo, cuya columna bertebral es la puesta en cuestión, concepto por concepto de lo que se entiende por ciudad.
El urbanismo culturalista propone que cada proyecto antes de estudiar y de pensar en las posibilidades y problematicas del individuo o la persona se haga sobre los de las relaciones sociales y la comunidad. Desde este punto de vista podríamos rastrear una fuerte influencia de la filosofía hegeliana o la fenomenología, ya que se apuntaba a comprender lo cualitativo en tanto que metodos y objetivos. El espíritu y la totalidad estetica de aquello que llamamos ciudad.
Otros autores que pudieron influenciar esta concepción fueron Victor Hugo o Mellarme, ya que sus escritos están cruzados fuertemente por algo similar a la nostalgia de un mundo en que predonminan los conceptos esteticos, artisticos; los ethos, la dignidad etc. Conceptos luego desarticulados por la fragmentación y el calculo moderno.
Los primeros promotores del urbanismo culturalista fueron ensayistas del siglo XIX que provenían de diferentes áreas y con diferentes motivaciones, ya sea Augusto Welby Northermore Pugin (1812- 1852), un arquitecto inglés, no solo nostalgico de las formas sino de los valores premodernos, relacionados con la religiosidad cristiana.
John Ruskin (1818- 1896) proveniente de la filosofía y la critica artistica.
William Morris disipulo de Ruskin, pero con una vocación más politica, ligada al socialismo y el concepto de "comunidad".
El urbanismo culturalista, propiamente, surge a principios del siglo XX, antes que el urbanismo progresista, como escuela. Con autores como Camilo Sitte, Evenezer Howard y Ray Menurwin. Su fuerza sigue siendo la critica al progresismo y la modernidad que fundamenta la ciudad industrial. Su gran propuesta es la "ciudad jardin", cuyas principales caracteristicas serían el predominio de lo estetico cultural por sobre lo productivo. El enriquecimiento humano (ético) de la comunidad por sobre el material.
Patric Geddes fue un biólogo escoses que estudió el urbanismo y el fenómeno urbano desde el puto de vista de la evolución y de la teoría biologica de la selección natural, criticó el urbanismo progresista por su falta de consideración por los factores humanos.
Para el la ciudad es una obra humana, pero, por lo mismo, no le pertenece a ningún proyecto filosófico, político determinado. La ciudad es una experiencia que el ser humano ha vivido desde mucho antes de la era moderna, de hecho es tan antigua como las primeras civilizaciones.
Por otro lado, más allá de la nostalgia y los impedimentos facticos, de diferente índole (sociales, económicos, políticos) que encontrará una propuesta tan revolucionaria y ambiciosa como la Ciudad jardín, el culturalismo sacó a la superficie las limitaciones de la visión progresista de la ciudad.
La cultura y la ciudad son indisosiables la una de la otra, la ciudad implica irreductiblemente estética, arte, creatividad, religiosidad, etc., es el espacio por definición del desarrollo de la conciencia humana.
Este autor muestra la ciudad como un objeto complejo por definición (informacional, dinamico y mutable) los objetivos de su análisis están más relacionados con la epistemología de la comprensión que con el conocimiento acabado.
El urbanismo por tanto, sin dejar de ser una disciplina independiente, un cuerpo teórico definido, deberá pedir prestado conceptos de las ciencias sociales. A su vez la propia ciudad se convierte en objeto de estudio sociológico.
La ciudad ha sido en todas sus faces históricas, un espacio de intercambio y de flujos de información de todo tipo, que son expresión de lo que llamamos cultura, algo cuyo contenido aparece como inaccesible desde un punto de vista técnico.
Como lo entendía Max Weber, el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, habría que considerar aquí que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones.
Y en este sentido decir que la ciudad o el espacio urbano está ligado a determinantes culturales significa que su naturaleza no está al servicio de un poder específico sino a cargo de diversos grupos y actores sociales que dialogan, se enfrentan y se contraponen tanto en el espacio de los discursos sociales como en el de las estrategias políticas de los diferentes interesados.
Una transformación del espacio urbano concreto no necesariamente responde a criterios formales de planificación urbana, como lo mostrará Hardoy en su texto Ciudad Legal y Ciudad Ilegal, en que se explica como las ciudades de Latinoamerica y todo el tercer mundo en general, experimentaron sus principales transformaciones por fuera de la planificación y las lógicas formales de desarrollo, a partir de tomas de terrenos por parte de grupos de ciudadanos sin techos que se daban en los margenes de las grandes urbes.
El estudio del desarrollo y transformaciones de la ciudad debería comprender los procesos sociales que determinan el modo en que se configura finalmente el espacio urbano; esto es, no quedarse solo en las variables que competen al Estado y a las instituciones formales relacionadas y sus intenciones, sino que estudiar al detalle las causas de estas transformaciones efectivas y reales. Para esto son necesarios conceptos más especificos que los del progresismo y el culturalismo. Como dice Geddes, "No hay una ciudad del porvenir, sino tantas ciudades como casos particulares." No basta con entender los modelos y formas del como se desarrolla el espacio urbano, sino que es necesario pasar al contenido, a la contingencia de cada caso, además de comprender las dinámicas y dialecticas que lo determinan. Esta investigación en particular, sin ir más lejos, trata de los cortes de recorrido y las discontinuidades que se producen en un espacio urbano determinado. Proceso en el que participan diversos actores y grupos sociales que lo hacen un objeto de estudio complejo, cultural y político. Un objeto en el que es importante también el periodo de tiempo que hemos escogido. El cual está relacionado con transformaciones importantes en el orden de los procesos económicos y la propia transformación de la estructura política llevada a cabo a principios de la década de 1990 en adelante.
Esta fue una década en que convivieron la democracia o la así llamada, "transición a la democracia", con un modelo económico imperante impuesto durante la dictadura militar, conocido como neoliberalismo, en la misma tónica de los paradigmas que cruzan todo el escenario cientifíco, ideologico y cultural de la época, cuyos principales ejes son la globalización o mundialización (que hace de la cultura un factor determinante del devenir de la sociedad) y el paradigma cultural posmoderno. Este proceso de transformación de la vida, también cambió los principios de la ciudad moderna: La industria dejó de ser el eje articulador de la ciudad, (proceso llamado postfordismo), la terciarización del empleo, son algunas de las características de este proceso.
El filósofo urbanista Francoise Ascher llamó a la nueva ciudad metapolis, como superación de lo que fue la ciudad previamente.
Este autor no ve en la fragmentación o flexibilización del desarrollo urbano algo negativo, sino una posibilidad. La sociedad, los actores sociales contituyen su propio espacio y a la vez esté los determina a ellos en su manera de e interactuar en las diversas operaciones sociales que los individuos practican.
La ciudad que ha devenido en metapolis, es, entre otras cosas, aquella que ha confiado su desarrollo a fragmentos cada vez más localizados e independientes uno de otro; en principio a la autonomía de las municipalidades, pero también a grupos culturalmente constituidos, e incluso movimientos sociales.
Las transformaciones urbanas externas a la institucionalidad y la planificación centralizada, no devendrían necesariamente en caos y desorganización, sino en la profundización de las eficiencias racionales para solucionar problemas, por parte de agentes cada vez más cercanos y directamente afectados por estas contingencias urbanas.
Hardoy observó el problema del desarrollo urbano desregulado, imperfecto e injusto, en términos sociales, pues en la época que analizó, los países del tercer mundo, especialmente America latina, se caracterizaban porque la mayoría de sus gobiernos eran más bien dictaduras incapaces de solucionar de manera eficientes las serias problemáticas sociales. Hardoy veía necesario que nuevos gobiernos, con vocación autenticamente democrática fueran los que impulsaran la profundización de la participación social en el desarrollo y transformación urbana.
Hardoy da cuenta de que uno de los principales problemas del urbanismo en Latinoamerica ha sido la desigualdad social traducida en segregación socioespacial del territorio, la cual mantiene a amplios grupos de escasos recursos, separados de beneficios sociales fundamentales para poder progresar económicamente , lo que a su vez disminuye más la posibilidad de acortar las brechas sociales.
Sabatini y Brain los sociólogos urbanistas chilenos analizan este fenomeno en Santiago de Chile y concluyen que la segregación social no es un fenomeno de naturaleza objetiva ni "monocausal". Esto quiere decir que aunque hay determinantes económicas en la configuración del territorio urbano, no son las únicas y estas tampoco son de orden objetivo o estructural, pues están siempre ligadas a políticas concretas, determinadas en algún momento por el Estado o las instituciones relacionadas, como lo fue en su momento la liberación del mercado de suelo, en concomitancia con una serie de políticas privatizadoras, en desmedro de lo publico, durante la dictadura militar.
Según estos autores la liberación del mercado de suelo ha hecho que, a pesar del desarrollo localizado de las comunas y la promesa de mayores autonomías ciudadanas, el desarrollo vuelva a quedar atrapado en el antiguo modo "centro-periferia". Esto quiere decir que los centros, económica y comercialmente establecidos en cada comuna o sector, determinan el precio del suelo, o sea mientras más cerca del centro, aumentan los precios del terreno, lo cual produce una expulsión hacia la periferia de los sectores menos acomodados dela sociedad, alejándolos aún más de los beneficios sociales.
Erica Aura analiza este fenómeno como puesta en cuestión del modelo "metapolís" de Ascher o "ciudades redes" de Castells, pues no se cumplirían, en el fenómeno Latino Americano, las promesas de mayor democratización, ni mayor autonomía territorial por parte de los ciudadanos, sino que se reeditaría una versión más localizada del viejo modelo Centro-periferia, con toda su potencia segregadora. El espacio urbano seguirá organizándose con criterios principalmente economisistas.
Ahora bien, para Sabatini y Brain, la segregación no es un problema sin solución. La configuración urbana no es un reflejo de estructuras económicas previamente dadas, sino que dependen en buena medida de determinaciones subjetivas; culturales y políticas.
La dimensión política apunta a las lógicas internas del marco de los urbanistas, planificadores o las propias autoridades, que entienden y clasifican la segregación como un problema natural, intrínseco al desarrollo urbano y a la orientación de desarrollo por chorreo.
Para estos autores una planificación adecuada orientada a controlar la segregación socioespacial, podría aliviar males tales como la delincuencia, el consumo y trafico de drogas, etc., esto al propiciar una mayor integración social a través de la configuración del espacio urbano.
Por otro lado es posible comprender la segregación en un sentido sociocultural, esto es, determinada por la propia subjetividad social.
El que grupos sociales que comparten ciertas características culturales, busquen agruparse en ciertos sectores y territorios es un fenómeno común en las urbes modernas. Barrios formados por etnias, religiones, modos de vida, oficios, etc. Los individuos en la medida de sus posibilidades tienden a buscar estar cerca de otros a los cuales consideran similares, se podría decir que se busca una identificación a un nivel cultural con el territorio en el cual se reside. Esta tendencia podría, en cierta medida erosionar el desarrollo social y la integración a un proyectos ciudad o país determinado. Pero el problema se agudiza cuando un proceso como la globalización de la cultura complejiza y reclasifica sectores de la sociedad. De Mattos, autor urbanista uruguayo radicado en Chile, denomina a este proceso, polarización o dualización de la sociedad en el espacio urbano. El fenómeno consiste en que las ciudades que se ven integradas a la globalización, paulatinamente van también experimentando una división cada vez más acentuada, tanto de la cultura como del espacio urbano. Ciertos grupos van integrándose y asimilando los flujos de información que trae consigo el proceso globalizador mientras otros van quedando a la deriva y marginados de los nuevos proyectos de está nueva y de lo que en general, la ciudad, ahora, pretende ser.
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