Patric Geddes fue un biólogo escoses que estudió el urbanismo y el fenómeno urbano desde el puto de vista de la evolución y de la teoría biologica de la selección natural, criticó el urbanismo progresista por su falta de consideración por los factores humanos.
Para el la ciudad es una obra humana, pero, por lo mismo, no le pertenece a ningún proyecto filosófico, político determinado. La ciudad es una experiencia que el ser humano ha vivido desde mucho antes de la era moderna, de hecho es tan antigua como las primeras civilizaciones.
Por otro lado, más allá de la nostalgia y los impedimentos facticos, de diferente índole (sociales, económicos, políticos) que encontrará una propuesta tan revolucionaria y ambiciosa como la Ciudad jardín, el culturalismo sacó a la superficie las limitaciones de la visión progresista de la ciudad.
La cultura y la ciudad son indisosiables la una de la otra, la ciudad implica irreductiblemente estética, arte, creatividad, religiosidad, etc., es el espacio por definición del desarrollo de la conciencia humana.
Este autor muestra la ciudad como un objeto complejo por definición (informacional, dinamico y mutable) los objetivos de su análisis están más relacionados con la epistemología de la comprensión que con el conocimiento acabado.
El urbanismo por tanto, sin dejar de ser una disciplina independiente, un cuerpo teórico definido, deberá pedir prestado conceptos de las ciencias sociales. A su vez la propia ciudad se convierte en objeto de estudio sociológico.
La ciudad ha sido en todas sus faces históricas un espacio de intercambio y de flujos de información de todo tipo, que son expresión de lo que llamamos cultura, algo cuyo contenido aparece como inaccesible desde un punto de vista técnico.
Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones.
Y en este sentido decir que la ciudad o el espacio urbano está ligado a determinantes culturales significa que su naturaleza no está al servicio de un poder especifico sino a cargo de diversos grupos y actores sociales que dialogan se enfrentan y se contraponen tanto en el espacio de los discursos sociales como en el de las estrategias políticas, de los diferentes interesados.
Una transformación del espacio urbano concreto no necesariamente responde a criterios formales de planificación urbana, como lo mostrará Hardoy en su texto Ciudad Legal y Ciudad Ilegal, en que se explica como las ciudades de Latinoamerica y todo el tercer mundo en general, experimentaron sus principales transformaciones por fuera de la planificación y las lógicas formales de desarrollo, a partir de tomas de terrenos por parte de grupos de ciudadanos sin techos que se daban en los margenes de las grandes urbes.
El estudio del desarrollo y transformaciones del espacio urbano debería comprender los procesos sociales que determinan el modo en que se configura finalmente el espacio urbano; esto es, no quedarse solo en las variables que competen al estado y a las instituciones formales relacionadas y su intenciones, sino que estudiar al detalle las causas de estas transformaciones efectivas y reales. Para esto son necesarios conceptos más especificos que los del progresismo y el culturalismo. No basta con entender los modelos y formas del como se desarrolla el espacio urbano, sino que es necesario pasar al contenido, a la contingencia de cada caso, además de comprender las dinámicas y dialecticas que lo determinan. Como dice Geddes, "No hay una ciudad del porvenir, sino tantas ciudades como casos particulares." Esta investigación en particular, sin ir más lejos, trata de los cortes de recorrido y las discontinuidades que se producen en un espacio urbano determinado. Proceso en el que participan diversos actores y grupos sociales que lo hacen un objeto de estudio complejo, cultural y político. Un objeto en el que es importante también el periodo de tiempo que hemos escogido. El cual está relacionado con transformaciones importantes en el orden de los procesos económicos y la propia transformación de la estructura política llevada a cabo a principios de la década de 1990 en adelante.
Esta fue una década en que convivieron la democracia o la así llamada, "transición a la democracia", con un modelo económico imperante impuesto durante la dictadura militar, conocido como neoliberalismo, en la misma tónica de los paradigmas que cruzan todo el escenario cientifíco, ideologico y cultural de la época, cuyos principales ejes son la globalización o mundialización (que hace de la cultura un factor determinante del devenir de la sociedad) y el paradigma cultural posmoderno. Este proceso de transformación de la vida, también cambió los principios de la ciudad moderna: La industria dejó de ser el eje articulador de la ciudad, (proceso llamado postfordismo), la terciarización del empleo, son algunas de las características de este proceso.
El filosofó urbanista Francoise Ascher llamó a la nueva ciudad metapolis, como superación de lo que fue la ciudad previamente.
Este autor no ve en la fragmentación o flexibilización del desarrollo urbano algo negativo, sino una posibilidad. La sociedad, los actores sociales cosntituyen su propio espacio y a la vez esté los determina a ellos en su manera de e interactuar en las diversas operaciones sociales que los individuos practican.
La ciudad que ha devenido en metapolis, es aquella que ha confiado su desarrollo a fragmentos cada vez más localizados e independientes uno de otro; en principio a la autonomía de las municipalidades, pero también a grupos culturalmente constituidos, e incluso movimientos sociales.
Las transformaciones urbanas externas a la institucionalidad y la planificación centralizada, no devendrían necesariamente en caos y desorganización, sino en la profundización de las eficiencias racionales para solucionar problemas, por parte de agentes cada vez más cercanos y directamente afectados por estas contingencias urbanas.
Hardoy observó el problema del desarrollo urbano desregulado, imperfecto e injusto, en términos sociales, pues en la época que analizó, los países del tercer mundo, especialmente America latina, se caracterizaban porque la mayoría de sus gobiernos eran más bien dictaduras incapaces de solucionar de manera eficientes las serias problemáticas sociales. Hardoy veía necesario que nuevos gobiernos, con vocación autenticamente democrática fueran los que impulsaran la profundización de la participación social en el desarrollo y transformación urbana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario