Decidí, para ser consecuente, no volver a Temuco durante un tiempo; no había estado para el entierro; qué más me podía importar. Era septiembre así que me mantendría en Santiago hasta diciembre o enero, pensé.
Durante esos meses me refugié en el departamento de Lissette, en su mundo, en su sexo, en su locura y sus perversiones, a las que algunas veces Anita, su compañera de departamento, se prestaba (para mi deleite). Ellas llevaban una relación amorosa paralela a mí, lo cual estaba muy lejos de molestarme.
Me sobreprotegió siempre; desde que el primer día, creo que era una suerte de instinto materno y la intuición de que yo jugaba mucho con la idea del suicidio y por alguna razón, que desconocía, ella se había impuesto como meta y sentido de su vida el impedir que yo lo llevara a cabo.
La conocí en la entrada de un cine. Se me acerco y me ofreció un pito antes de entrar, luego yo le invite una cerveza a la salida. Después me dijo que se me había acercado porque ese día yo le había parecido muy similar a Arthur Rimbaud en la apariencia. Yo solo sonreí, no le quise preguntar de quien estaba hablando; no quería quedar como un "sureño ignorante".
Ella era pequeña y muy delgada, pero aquella vez me apabulló. Era una santiaguina con un vestido negro, largo y ¡corset!. La piel blanca y labial negro. Además de que hablaba de literatura, de música, de cine y hasta de teatro con una familiaridad que yo nunca había visto.
Fue una semana después cuando en una reunión con sus compañeros a la que me había invitado, en que comprendí que en ella era alguien en quien podía confiar. En un rincón olvidado me hizo sentir la inaudita levedad de su cuerpo aferrado al mio, y sus gemidos y suspiros perturbadores pero a la vez transparentes como si fuesen música... (sí, esto puede sonar a contradicción con lo que había dicho anteriormente; pero sí hay una transparencia en la música, no en ella misma sino en ese "pobre mortal" que se encuentra detrás, el músico, que busca desesperado lo que jamás encontrará, poniendo en juego sus entrañas, su intimidad, su subconsciente si se quiere). Como la música, el sexo con Lissette no serían desde ahí, ni entretención o placer vacío, sino una búsqueda.
No trabajaba y casi no estudiaba. Ella quería hacerme leer sus libros de Baudelaire, Camus, Sartre y el propio Rimbaud, para no estar tan ocioso, pero yo ni siquiera tenía animo para eso, además que no le encontraba mucho sentido si se trataba de las cosas que hablaba ella, que a esas alturas ya me parecían pura retorica vacía. "Tu deberías leer a Einstein" le decía yo, "¿tu lo has leido?" preguntaba ella, "no, pero lo entiendo" respondía yo.
Yo solo buscaba incesantemente hacer el amor con Lissette. Desde mis primeras experiencias el sexo fue para mí, a contracorriente de la religión, una manera de purificarme, de dejar ir todo lo sucio, todo lo perverso; Una manera de dejar de ser "yo triste" y ser el "yo desnudo", que era la contraparte del primero, nunca existió un "yo alegre". En fin, era dejar de ser yo para volver a ser yo.
Una mañana estaba en la cama con una pinza y un encendedor peleando por sacarle lo ultimo de marihuana a la cola de un pito cuando Lissette salió del baño totalmente desnuda y saltó a la cama montándose sobre mí.
-¡Que te pasa! -exclamé yo sacudiéndome la cola y las cenizas del pecho.
-Fóllame -me pidió, mientras me frotaba su sexo. Con esos españolismos que al principio me eran irresistibles pero cada vez menos.
-¿Cómo? -pregunté para que lo repitiera.
-Como los conejos- me susurró.
-¡Oh conejita! -susurre yo con intensidad.
Obedecí al píe de la letra; era bueno empezar el día así.
Cuando habíamos terminado ella se acurrucó a mi lado, mientras yo fumaba.
-¿Me quieres? -me preguntó.
Me sorprendió la pregunta, definitivamente no eran los términos con los que acostumbrábamos a relacionarnos; no era parte de nuestro lenguaje, creía yo. Le respondí que Sí, "que más da" me dije, "de alguna forma es cierto".
-Yo a ti te amo - concluyo ella.
"Eso si que fue un giro", pensé en el momento.
Me levanté y le dije que me iría a la universidad. Salí del departamento pero nunca llegué a destino. Me quedé sentado en el anden del Metro, pensando en Lissette, y en el extraño dialogo que habíamos tenido. Además ya no tenía mucho caso ir, tenía un ramo ya reprobado y dos casi; eran necesarias verdaderas hazañas si quería aprobarlos y no estaba de ánimo para eso. Decidí adelantar mi viaje y replantearme el futuro, porque era seguro que me iban a quitar la beca y muy probablemente me iban a expulsar por bajo rendimiento. "Supongo que la muerte de mi abuelo influyo, pero tal vez necesito ayuda psiquiátrica, si me dieran pastillas sería ideal", pensé.
Llevaba tres años estudiando ingeniería, "tal vez más adelante podría continuar, ya veré cómo" me dije.
Antes de una semana ya tenía todo listo, había arreglado mis cosas y finiquitado el contrato con el arrendatario.
Había hecho lo posible por evitar a Lissette; ese ultimo intercambio de palabras me había dejado un poco hastiado. Sin embargo una de esas noches me llamó y me pidió que nos juntáramos en el Parque Almagro, justo abajo de donde estaba ubicado mi departamento. Ella ya estaba abajo, así que no pude evitarla. Nos sentamos en un banco y ahí fue donde me contó que estaba esperando un hijo mío.
"¡Qué le pasa! -me decía mientras ella me contaba-. Así que de esto se trataba esa actitud y esas palabras melosas. Esta muy asustada y todo, por eso busca algo a que aferrarse, pero... ¿cómo pudo pensar que aquel raquítico "te quiero" podía significar algo?" estaba desesperada.
No le pedí que abortara. No me atreví. Yo era demasiado un macho conservador sureño, o demasiado poco... para la finalidad era lo mismo. Pero la verdad es que no quería ser padre. No tenía problemas económicos, era más bien un asunto emocional; de madurez. Antes de llegar a mi departamento, después de despedirnos yo ya había decidido que no sería el padre de ese bebe. "No va a ser ni el primero ni el último niño con un padre ausente. Tener padre no significa nada, no asegura nada. Yo tengo una familia convencional y soy un desastre. Estoy seguro de que sin padre yo hubiese estado mejor", concluí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario